Clase 8 | Jornada de evaluación | Trabajo individual | Melisa Huilén Daglio
Todo problema surge como una oposición o cuestionamiento a uno o varios modelos establecidos dentro de una sociedad. Implica salir de la caja, del espacio de comodidad para algunos e incomodidad para otros. Pero más allá de plantearse esta cuestión de comodidad/incomodidad, la raíz de todo problema se encuentra en la diversidad de modos de pensar, en que cada uno tiene sus ideas. Existen diversas miradas sobre cada tema; se podría decir que existen tantas miradas, ideas, perspectivas, como personas que tenga algo que decir u opinar sobre ese determinado tema.
Es así que si bien el problema necesariamente debe abarcar una inconformidad por parte de numerosas personas, también podemos detectar que lo que es un problema para un grupo no lo es para otro. No siempre el problema puede ser “global” por decirlo de alguna manera. Sino, miremos hacia atrás al inicio del movimiento feminista, por ejemplo. Partimos del hecho de que el problema era visto por las mujeres, en cambio para los hombres no se trataba de una problemática, de hecho muchos hombres tomaron al movimiento en sí como el problema y no lo que el movimiento planteaba como el problema.
Es muy importante problematizar, sin personas que se planteen problemas no existiría el progreso, los cambios; todo seguiría igual de acá a miles de años más.
Para los diseñadores es esencial poder problematizar y entender cómo es ese proceso que se realiza al plantear un problema. Como solucionadores de problemas es importante entender todo el contexto detrás del planteo de una problemática, quiénes son los sujetos a los que abarca el problema, cúal es el objeto o los objetos del problema y cómo esta problemática se relaciona constantemente con el contexto en el que se encuentra inmerso.
Tener en cuenta el contexto implica tener siempre presente el marco valorativo de las personas que componen la sociedad en la que se plantea el problema. Un mismo problema podría tener millones de soluciones posibles en base a contemplar los valores, creencias y formas de pensar de las personas dentro de distintas sociedades. Me gustaría ejemplificar este punto con una campaña de la marca Balenciaga.
A principios de este año, como todos los años, el equipo creativos de Balenciaga se encontró con la problemática de lanzar una nueva campaña para el año 2022. Como respuesta a esta problema se trabajó en una serie de prendas que a primera vista parecieran encontrarse en mal estado por haber sido usadas durante mucho tiempo. La idea detrás de esta campaña venía por el lado de que estas prendas se podrían usar eternamente, se buscaba poner de “moda” la ropa casi que detonada y de esta manera si se rompían más o se gastaban no importaría porque ese era el estilo.
Ahora bien, esta campaña pudo funcionar en Europa (dejando de lado si tuvo éxito y fue rechazada, no es el puerto al que busco llegar con mi punto), pero si lo traemos a nuestro país, la respuesta puede ser muy distinta debido a nuestro marco valorativo. Esas zapatillas estilo converse casi quemadas, en nuestro contexto, significan mucho más que esta cuestión del desgaste y lo eterno, pueden llevarnos a pensar en la tragedia de Cromañon.
Es por esta razón que el rol del diseñador va mucho más allá de la mera estética y resolución gráfica. Los diseñadores solucionamos problemas considerando el comitente, los usuarios y el contexto en que el producto o servicio va a circular. Tenemos el poder del uso de la imagen. La imagen es una herramienta muy poderosa y problemática a su vez, su polisemia puede ser tanto una ventaja como un bache y nuestro posicionamiento ante el problema determinará qué rol toma.


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