Trabajo Individual - Landa, Josefina - Clase 3
La admiración por la originalidad. ¿Existe tal cosa, o operamos desde la recopilación de copias? La búsqueda identitaria, que intenta escapar de la alienación, un tanto inherente a las condiciones urbanas actuales, y encontrar eso -llámese esencia, alma, espíritu- distintivo, característico, personal, auténtico.
Nuestro sujeto, ficcionado en conjunto a partir de la concepción modélica de un estudiante de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo y que está, a su vez, basado en experiencias tangibles con personas concretas y reales (y posiblemente, también, por nuestra capacidad de rellenar con aquella información faltante para la pulimentación de estos personajes). Miranda presenta la paradójica condición modélica de atinar a ser excepcional y esquivar lo inevitablemente impersonal de lo masivo en pos de resguardar sus particularidades. Siente una necesidad de evitar lo popular para evitar, también, la estandarización y homogeneización de su persona. Frecuenta lugares de nicho que, por más de que son ideados bajo la certeza de la existencia de un mercado que los consuma, reúnen a gente cuyos intereses en común quizás no sean tan comunes. Lugares que requieren el entendimiento previo de deseos y características personales y la movilización hacia ellos. El cultivo de las pasiones, sobre todo cuando éstas son más bien singulares, requieren de esfuerzo.
Ese intento de conexión personal y de la posterior convicción sobre aquellas posturas con respecto a temáticas que considera relevantes y conmovedoras (por ejemplo, el vegetarianismo, la sustentabilidad, el feminismo) me resultan admirables en tanto y en cuanto excluyan a los absolutismos y la soberbia arrasadora que implican.
Como diseñadora me siento alineada con ciertas tendencias y temáticas que rigen mi abordaje de la arquitectura. Éstos rasgos modélicos -como por ejemplo la intención de la creación del espacio público, la incorporación de un criterio que contemple el cuidado del ambiente, la proyección de espacios flexibles donde puedan coexistir distintas funciones, la necesidad de síntesis-, si bien los considero pertinentes y acertados, fueron, en gran medida, insertados a raíz del estudio de mis referentes o de la disciplina en sí misma. La comunicación gráfica y visual de éstas intenciones también refiere a un criterio estético modélico que pondera al minimalismo, a una paleta cromática de colores apastelados y lavados, a la suavidad de las líneas, a las texturas sutiles, etcétera. Muchas veces, incluso, detecto en la comunicación verbal utilizada frases modélicas que pierden su sentido por desgaste, pero que, inevitablemente mi cerebro rellena espacios con ellas, a modo de atajo. La categorización -ajena o personal- implica una simplificación y abreviación de los procesos decisivos que, si requirieran del replanteo constante del criterio o la exteriorización individual, pocos resultados serían llevados a cabo. Es necesario, por lo menos en una visión más bien cortoplacista, auto adjudicarse ciertas variables inamovibles para habilitar un terreno estable sobre el cual reflexionar sobre otras cuestiones.
El deseo de una elección no equivale a una elección en sí misma. Quiero decir, yo hoy resueno con estos rasgos modélicos -incluso diría que me siento alineada con y representada por ellos- por lo que creo que, de haber podido elegirlos, lo hubiera hecho; pero esa resonancia no creo que sea casual si no más bien contextual. Puedo reconocer la impronta de mis referentes en mi capacidad de proyección.
“Basta que miremos demasiado fijo una cosa, para que empiece a resultarnos interesante.” - Gustave Flaubert
Estando inmersos en un marco donde existe una sobre comunicación avasallante que fuerza información remanente y pululante en nuestro inconsciente, el ojo se adapta y familiariza con estímulos que no le pertenecen pero que, de todas formas, se arraigan a él. La costumbre juega un rol significativo en nuestras decisiones, por lo que sería lógico que la moda contemporánea moldee, en menor o mayor medida, nuestro imaginario. Crea estándares que poseen connotaciones sociales que validan -o no- distintos aspectos de la persona. La admiración y el intento -consciente o inconsciente- por un acercamiento al objeto admirado también condicionan nuestra habilidad de proyección. Una vez que reconozco este mecanismo inercial intento aplicar un esfuerzo racional por superponerle la duda a mis decisiones para así responsabilizarme de mis acciones; que no sean meramente accidentales.
“Es la duda lo que de la fe y del conocimiento, que son algo estático, quieto, muerto, hace pensamiento, que es dinámico, inquieto, vivo.” - Miguel de Unamuno
La duda como reactivadora y liberadora del encarcelamiento -en algún punto autoimpuesto- de la costumbre. El historial personal libera espacios donde alguna vez se pisó, prestándole al hábito la facilidad de la repetición de fórmulas y la imposibilidad de la reinvención. Los rasgos modélicos como moldes prefabricados a modo de dispositivos con características incorporables que otorgan significados y dotan a la persona de sus connotaciones por asociación.
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