Trabajo individual | Clase 4 | Resonancia (Agustina Simeone)
EN CLASE
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Después de haber tomado algunos pequeños apuntes y anotado palabras sueltas de la charla introductoria que tuvimos al inicio de clase, comenzó la dinámica del día.
Desde el inicio comenzaron a resonar palabras en mi mente: modos de pensar, modelos, operar, pensar-decir-hacer, multiplicidad, poético, artesanal, abstracto, tiempo, espacio, ritmo…
Comenzaron distintas instancias de un mismo ejercicio. Es probable que a uno le “moleste” o “irrite” cuando algo es repetitivo, pero este no fue (para nada) el caso.
Con los ojos cerrados y la mente activa o un poco curiosa… De repente comencé a escuchar:
¿Qué pensas cuando pensas?
¿Qué diseñador sos?
¿Qué diseñador querés ser?
Algunas de las preguntas disparadoras de hoy.
Estoy sentada, ahora con ojos abiertos pero el interior activo, despierto, pensante.
Por momentos o al principio más que nada, mi mente tenía la necesidad de callar, de mantenerse en blanco. Luego, las preguntas, las voces externas te invitan a pensar, a entrar en ellas… A comenzar la búsqueda de una (o muchas) posibles respuestas. ¿Tendré la respuesta?
Difícil. Como si me atravesaran el cuerpo, la mente, el momento, el tiempo.
Nada se detiene, pero ¿vos si?
Cerrar los ojos y respirar profundo, pareciera ayudar o motivar a abstraerse por un rato del contexto, del entorno, de aquello que está a mi alrededor en este momento.
Registro.
Silencio.
Viento soplando, aire, respiro, conciencia.
Conversación conmigo misma. ¿Qué busco? ¿Qué quiero? ¿Qué me interesa? Siempre atado al famoso ¿cómo? y también al tiempo. Y aparece el juicio… ¿Será el camino correcto? ¿Ahí o allá? ¿Sólo dos caminos?
Repetir la lectura. Acciones. Escuchar, pensar, los “no”, agarrar la lapicera, escribir… Seguir. Repetir. Volver a empezar.
Estás en un aula con muchas personas y de repente estás solo con vos. Puertas adentro. Callando el exterior o jugando a ignorarlo por un instante. ¿Modo avión? ¿Necesitamos ponernos en “modo avión”? ¿O a veces vivimos en “modo avión”?
De repente comencé a escuchar otras preguntas:
¿Cuál es el sentido de pensar?
¿Cómo pienso en tanto diseñador/a?
¿Qué influye en mi pensamiento?
¿Para qué pensas?
¿Podés pensar sin palabras? (De repente, ¡una respuesta! “sí, así creo que es el mundo intangible del diseñador”)
Más preguntas. Repetición. Resuenan. Hacen eco. ¿En dónde? (¡Otra respuesta!: “en mi”).
Un nuevo factor externo se suma: la música.
¿Y el tono? Más alto, más bajo. Vibraciones. Ambos generaban sensaciones distintas.
A SOLAS
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5 minutos de frenar la interacción con personas u objetos.
(¿Serán 5 minutos de frenar? No sé pero sí de silencio.)
5 minutos ¡Es la hora!
¿La hora de qué? De escribir, de registrar, de dejarse llevar…
Pasillo. Lugar no tan transitado. Se escucha bullicio de fondo, muchas voces pero muy lejanas, gente que pasa caminando (poca), todos atentos a lo suyo. Caminantes. Se dirigen hacia algún lugar.
Caminar. Pasos. Avanzar. Llegar.
Y en el medio: espacio-tiempo. Sensaciones también: ¿ese recorrido es transitado de forma lenta o rápida? ¿Cómo estoy predispuesta o dispuesta a recorrer ese trayecto? ¿con qué intención? ¿de qué manera?
5 minutos de frenar la interacción con personas u objetos.
Qué difícil es frenar la interacción con personas u objetos.
Es como intentar que todo el alrededor se mutee por un rato y vos sos un simple observador (¿o protagonista?) de esa escena.
Qué difícil es no interrumpir o no ser interrumpido por algo o alguien. ¿Será que estamos llenos de interrupciones? ¿Y nosotros elegimos cuál nos interrumpe realmente?
¿El interrumpir es bueno o malo?
¿Siempre necesitamos eso de “terminar la idea”? ¿Siempre necesitamos terminar/cerrar? Puede quedar algo abierto… ¿por qué no?
Esas interrupciones pueden cambiar el rumbo, la opinión, el momento, el tono, etc. Puede cambiar.
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