Trabajo individual | Clase 4 | Melisa Huilén Daglio

 Creo que una de las cosas más difíciles a las que nos podemos enfrentar es el tiempo. El correr del tiempo es algo que no podemos controlar, y si a esto le sumamos un contexto, las cosas se nos complican un poco más. Cuando nos encontramos en un ambiente estimulante y atractivo, cuando estamos en contacto con otros, hablamos, nos movemos, interactuamos, el tiempo pareciera correr. Ahora, si estamos en soledad, sin interactuar ni realizar alguna acción, el tiempo parece ser elástico. Pero estas situaciones también pueden intercambiarse: cuando miramos una serie en soledad pareciera que el tiempo va más rápido, y a veces podemos encontrarnos en una fiesta interminable.

Todas estas cosas fueron las que pasaron por mi mente en los primeros momentos del ejercicio a raíz de una de las cosas que dijeron los guías. Fue algo como que 5 minutos pueden ser muy largos cuando no se está haciendo nada. Y es posible que en un comienzo sí se hicieran largos, pero a medida que iba pasando el tiempo, me metía más en mis pensamientos y divagaba entre recuerdos y reflexiones.

Una de las preguntas que más me dejó pensando es: “¿Se puede pensar sin palabras?”. Yo creo que no. Por más que no hablemos o emitamos sonido alguno, igual se presentan palabras en nuestra mente. Y aunque pensemos solo en objetos, estos  objetos inmediatamente los ligamos al signo lingüístico que le corresponde. Como decía Saussure, cada signo lingüístico está ligado a su representante objetal y no se puede pensar o hacer referencia a una, sin inevitablemente implicar a la otra.


En el CBC no entendía la necesidad de cursar semiología, creía que la comunicación más pura se desligaba del campo del diseño en sí. Hoy, cursando el último cuatrimestre de la carrera, me doy cuenta que muchas materias empezaron a tener sentido al ir pasando los años y se fueron relacionando con otros contenidos de diversas materias. Muchos contenidos que en su momento consideré innecesarios, ahora vienen y se plantan a reclamar su lugar como indispensables dentro del conjunto de saberes primordiales de un diseñador.


De hecho, vemos como se empiezan a entrelazar con nuestra vida  y en el día a día. No era que antes no estaban presentes, era que no los teníamos en cuenta. Muchas veces realizamos acciones que no nos detenemos a pensar de dónde vienen, cómo funcionan o dónde está su raíz. Una vez que se nos presenta esa información, incluso la presencia de la pregunta en sí, hace que ya no se vuelva a ver las cosas de la misma forma. Como contaron en una de las primeras clases: uno no registra algo que no forma parte de su entorno consciente y una vez que se empieza a ver algo, ya no hay vuelta atrás, no se puede dejar de verlo (el ejemplo de las mochilas).


Hace unas semanas, en diseño 4, tuvimos una charla con Juan Furlino, quien trabaja para los canales Encuentro, PakaPaka, DeporTv y Contar. Una de las cosas que nos dijo sobre estos medios es que buscan generar preguntas, porque una vez que surgen estas preguntas, la mirada o las perspectivas cambian. Ya no se pueden desformular esas preguntas, ya son parte de nosotros y condicionarán nuestra forma de mirar y entender nuestro entorno. 


Lo mismo pasa con nuestros pensamientos. Una vez que me puse a cuestionar y reflexionar sobre mi paso por la FADU y cómo todos los contenidos que me brindó se van relacionando entre sí, se creó un quiebre, ya no hay forma de que vea esas cosas de la misma forma que las veía antes. Pensar nos ayuda a crecer, nos estimula a replantear lo que creemos que está establecido, y por eso considero que es un ejercicio indispensable para un diseñador. Si no nos detuviéramos a pensar y desafiar lo ya existente, todo sería idéntico.


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